Los servicios residenciales de estancias temporales y Respir de la Diputación de Barcelona disponen de 110 plazas en el Recinte Mundet. Se dirigen a personas mayores con dependencia y a personas con discapacidad intelectual, al tiempo que ofrecen un periodo de descanso a sus familias cuidadoras. En verano, las solicitudes aumentan un 40 % respecto a otros meses.

Los dos programas comparten la idea de una estancia limitada, pero tienen perfiles, edificios y duraciones distintas. No son una residencia permanente ni una plaza de urgencia automática. El acceso se valora a través de los servicios sociales y se organiza según disponibilidad, necesidades de apoyo y condiciones de cada modalidad.

Dos servicios dentro del mismo recinto

El pabellón Nord ofrece 78 plazas para personas mayores de 65 años con un determinado grado de dependencia. Las estancias ordinarias pueden ir de quince días a dos meses al año. Durante el verano se limita el periodo a un máximo de treinta días para permitir mayor rotación.

El edificio Serradell cuenta con 32 plazas para personas con discapacidad intelectual. En este caso, las estancias pueden durar desde tres días hasta dos meses al año, aunque en la temporada de mayor demanda se acortan a una semana. Esa diferencia responde a la organización del servicio y no a una valoración general sobre qué colectivo necesita más descanso.

Un apoyo que alcanza a toda la provincia

Durante el último año, los programas atendieron a 2.800 personas procedentes de los 311 municipios de la provincia, incluida Barcelona. La cifra reúne usuarios mayores y con discapacidad intelectual y muestra el alcance supramunicipal del recurso. No equivale al número de plazas simultáneas, porque una misma cama puede acoger varias estancias a lo largo del año.

En el servicio para mayores hubo 785 usuarios. El perfil más frecuente comunicado es una persona de 87 años, con dependencia física moderada, deterioro cognitivo grave y una estancia media de 35 días. En el programa de discapacidad intelectual se atendió a 1.971 personas; el perfil mayoritario tiene 33 años, un grado de discapacidad del 79 %, alteración de conducta moderada y una media de seis días.

Las descripciones sirven para explicar a quién llega el recurso, pero no son requisitos que toda solicitud deba reproducir. Cada expediente necesita valoración propia. También revelan quién asume habitualmente los cuidados: en ambos programas, el perfil cuidador más frecuente es una mujer de alrededor de sesenta años, hija o madre de la persona usuaria.

Cómo iniciar una solicitud

Las familias deben dirigirse a los servicios sociales básicos de su ayuntamiento. En el caso de discapacidad intelectual también pueden intervenir asociaciones que prestan apoyo al colectivo. Presentar la petición no garantiza una fecha concreta; conviene planificar con antelación, especialmente para el verano.

El propósito del respiro es doble: ofrecer actividades y atención adaptada durante la estancia y permitir que la persona cuidadora descanse o atienda otras obligaciones. Su valor no se mide solo en ocupación de plazas, sino también en continuidad, adecuación del apoyo y capacidad de aliviar una responsabilidad sostenida. Los 110 puestos disponibles constituyen el límite simultáneo; la rotación explica que el servicio llegue a miles de personas a lo largo del año.