El antiguo recinto fabril de La Escocesa avanza hacia un complejo que reunirá creación cultural, vivienda asistida, cuidados, tecnología alimentaria y economía social. El plan abarca 11.528 metros cuadrados en el 22@ nord, prevé una inversión mínima de 51,8 millones de euros y sitúa el pleno funcionamiento en 2029.

El Ayuntamiento es propietario del 93 % del recinto y aportará 27,2 millones. El resto del modelo combina colaboración pública, tercer sector, cultura y actividad económica. Las cifras describen el conjunto del proyecto, no una obra única ni un presupuesto ya ejecutado en su totalidad.

Vivienda y apoyo en tres naves

Steegmann, Birkhead y Paul se convertirán en un centro de inclusión y cohesión social de más de 4.500 metros cuadrados. La Fundación AMPANS prevé invertir 24 millones para crear vivienda asistida y servicios complementarios para personas con discapacidad. El enfoque liga el derecho a vivir en la ciudad con apoyos cotidianos, no solo con alojamiento.

La accesibilidad física, los espacios comunes y la conexión con el barrio serán elementos verificables cuando se conozcan los proyectos definitivos. También deberá explicarse la capacidad, el calendario de entrada y el modelo de acompañamiento sin anticipar plazas que todavía no están disponibles.

Economía social y laboratorio alimentario

La Nau Klein concentra otro expediente: un concurso de proyectos incluye 2,5 millones de euros para rehabilitar el edificio y una concesión de gestión a entidades de economía social y solidaria con 7,5 millones adicionales de inversión. Al estar pendiente de resolución, no puede atribuirse aún el proyecto a una entidad ganadora.

En la nave Shield se prepara Barcelona FoodLab, una incubadora de empresas de tecnología alimentaria impulsada con Mercabarna y Barcelona Activa. El laboratorio deberá enlazar innovación con retos reales de producción, distribución y sostenibilidad alimentaria. Su utilidad no dependerá solo del número de iniciativas alojadas, sino de transferencia, empleo y colaboración con el tejido existente.

Las fábricas de creación que ya funcionan

Johnston y Foseco continúan activas como Fábricas de Creación. Esa actividad ofrece continuidad cultural durante la transformación y evita describir todo el recinto como vacío. La convivencia entre artistas, obras, futuros residentes y empresas exigirá fases claras, protección patrimonial y condiciones de trabajo compatibles.

El horizonte 2029 permite seguir contratos, licencias, inversión ejecutada y apertura de cada nave. Un polo económico y social no se comprueba mediante una sola inauguración: tendrá que mostrar vivienda con apoyos, espacios asequibles para entidades, creación estable, actividad tecnológica y relación con el Poblenou.

La propuesta reúne usos que a menudo se desarrollan por separado. Precisamente por eso, la gobernanza será decisiva. El Ayuntamiento deberá explicar cómo se toman decisiones, qué partes son públicas o concesionadas y cómo se preserva la identidad fabril. Hasta que esos hitos se materialicen, esta pieza informa del plan, sus actores y sus importes confirmados, sin presentar el recinto futuro como terminado. El seguimiento público debería desglosar inversión por nave y justificar cualquier cambio de calendario o uso para que el conjunto siga siendo legible. También deberá informar de las aperturas parciales.