
Barcelona ha terminado la reurbanización de la calle Balmes entre la plaza Molina y la ronda del General Mitre. La obra cubre unos 15.000 metros cuadrados, ha costado alrededor de siete millones de euros y amplía las aceras hasta una media de 4,35 metros en cada lado, casi dos más que antes.
El espacio adicional permite plantar 102 árboles. Los del lado Llobregat se colocarán en otoño, cuando bajen las temperaturas, por lo que la obra puede considerarse abierta al paso aunque parte de la plantación siga pendiente. A mediados de septiembre se prepararán los alcorques.
Tres carriles y una franja de servicios
La calzada conserva dos carriles de subida, uno reservado a transporte público y taxi, y uno de bajada. Junto a la acera Besòs hay unos 125 metros de carga y descarga, 154 plazas para motos, seis para personas con movilidad reducida, dos sanitarias, trece aparcamientos de bicicleta, tres paradas de bus y 36 contenedores.
La enumeración muestra cómo se reparte un espacio limitado. La reserva para bus busca mantener regularidad, mientras las aceras ganan continuidad. El funcionamiento real dependerá de que carga, motos y contenedores respeten ubicaciones y no invadan el paso.
Nuevos cruces y drenaje
Se han creado pasos peatonales en plaza Molina, Sant Hermenegild-Copèrnic, Pàdua y Sant Elies frente a la escuela Poeta Foix. Putxet, Francolí y otros cruces incorporan aceras pasantes. También se renueva pavimento y recogida de aguas.
Quedan nueve armarios o farolas y dos postes eléctricos por retirar cerca de General Mitre. Estarán delimitados hasta la operación. Son remates pendientes y no justifican bloquear las nuevas aceras fuera de la señalización.
Un eje que une dos barrios
La transformación pretende mejorar la relación peatonal entre Galvany y el Farró. Una calle más caminable no elimina tráfico ni ruido de un eje principal, pero acorta cruces, añade arbolado y ofrece más espacio frente a comercios y equipamientos.
El arbolado tardará en aportar sombra completa. Su supervivencia exigirá riego y mantenimiento durante los primeros años. Medir la obra solo al abrir la calzada omitiría esa parte del proyecto.
Balmes es una de las grandes urbanizaciones que terminan durante 2026, junto a otros ejes con calendarios propios. El balance concreto de este tramo son 15.000 metros cuadrados, siete millones y aceras de 4,35 metros. La comprobación posterior deberá observar velocidad, bus, cruces, accesibilidad y estado de los 102 árboles, no únicamente la nueva imagen.
Los pasos junto a centros sanitarios y escuela requieren especial observación en horas punta. Una acera ancha pierde utilidad si motos, terrazas o carga invaden el paso. La reserva de seis plazas accesibles y dos sanitarias debe mantenerse libre y señalizada. Cuando se retiren los elementos eléctricos pendientes y se planten todos los árboles podrá hablarse de cierre completo de remates, aunque el cuidado del arbolado continúe durante años. La sombra futura dependerá de riego, suelo disponible y supervivencia, no solo del número plantado. Los datos de siniestralidad y velocidad permitirán comprobar si el nuevo reparto de la calle mejora también la seguridad, más allá de la percepción inicial.





