
Barcelona superó por primera vez los 35 grados en un mes de septiembre en la serie centenaria del Observatori Fabra. La estación manual del Observatori Fabra registró 35,5 °C el 5 de septiembre de 2026. El dato estableció un nuevo máximo mensual y prolongó una secuencia excepcional de temperaturas para los primeros días del mes.
La medición convivió con otra cifra difundida durante la jornada, sin que exista una contradicción entre ambas. La estación automática XEMA situada en el mismo entorno midió 35,3 °C. La diferencia entre ambas lecturas fue de 0,2 grados. Los dos valores proceden de instrumentos y procedimientos distintos: la referencia de 35,5 °C corresponde a la observación manual con la que se mantiene la serie histórica, mientras que 35,3 °C es el máximo de la estación automática del Servei Meteorològic de Catalunya.
Esta distinción es importante porque explica por qué algunas informaciones del sábado citaron 35,3 °C y otras 35,5 °C. Para comparar con los récords antiguos del Fabra se utiliza la serie manual, que permite conservar una metodología de larga duración. La serie manual del Observatori Fabra comienza en 1914. Desde entonces no se había rebasado la barrera de 35 °C durante septiembre.
El registro manual del sábado superó en 1,4 grados los 34,1 °C del viernes. La diferencia muestra la rapidez con la que fue elevándose el listón durante el episodio. El miércoles 2 ya se había alcanzado un máximo mensual de 33,6 °C, por encima del récord de 33,0 °C que permanecía desde el 25 de septiembre de 1983. Los días siguientes volvieron a situarse entre los valores más altos de toda la serie.
La excepcionalidad no quedó limitada a la ladera del Tibidabo. En Can Bruixa, en les Corts, la temperatura mínima del sábado fue de 26,5 °C, una noche tórrida por no bajar de 25 °C. Las 62 noches tórridas contabilizadas allí en 2026 suponían 11 más que las 51 de 2003. Ese balance, alcanzado cuando aún quedaban varios meses para cerrar el año, reforzaba la magnitud del episodio cálido en la ciudad.
Otros puntos de Barcelona también ofrecieron máximas muy elevadas para el noveno mes del año: 33,8 °C en el Raval, 35,0 °C en Zona Universitària, 33,5 °C en la estación de betevé y 33,6 °C en el Rectoret. Las diferencias entre barrios responden a la altitud, la proximidad al mar, la densidad urbana y las condiciones concretas de cada estación, por lo que no deben tratarse como mediciones intercambiables.
El récord barcelonés formó parte de una anomalía mucho más amplia. Sesenta y seis estaciones del Servei Meteorològic de Catalunya con más de veinte años de datos marcaron el 5 de septiembre su temperatura más alta para este mes. En zonas del interior catalán se superaron los 40 °C, mientras la costa acumulaba noches con poco alivio térmico. La combinación de máximas altas y mínimas persistentes aumentó la exposición de la población al calor.
El valor informativo del registro no reside únicamente en la cifra final. Cuatro de los días comprendidos entre el 2 y el 5 de septiembre quedaron situados entre los valores más altos del mes en el Observatori Fabra. Esa concentración en un intervalo tan corto indica que no se trató de un pico aislado de unas horas, sino de un episodio sostenido capaz de alterar sucesivamente referencias que habían durado décadas.
Para interpretar el dato conviene separar tiempo y clima. Un máximo diario describe una jornada concreta y no demuestra por sí solo una tendencia de largo plazo. Sin embargo, la repetición de récords, el aumento de las noches tórridas y la frecuencia de episodios extremos son indicadores relevantes cuando se analizan junto a series amplias. La utilidad del Fabra reside precisamente en disponer de más de un siglo de observaciones comparables sobre Barcelona.
La persistencia nocturna tiene consecuencias distintas de las máximas diurnas. Cuando la temperatura permanece por encima de 25 °C, los edificios y el organismo pierden parte de su capacidad de recuperación. El impacto es mayor entre personas mayores, bebés, quienes padecen enfermedades crónicas y quienes viven en viviendas mal aisladas o sin refrigeración suficiente. El dato de Can Bruixa permite observar esa dimensión del episodio dentro del tejido urbano.
Durante la jornada del día 5 también permanecieron activas las alertas por calor y por peligro de incendio forestal en Catalunya. Esa circunstancia exige no confundir el récord meteorológico con una curiosidad estadística: temperaturas tan anómalas modifican las condiciones ambientales, elevan la demanda de refrigeración y pueden agravar riesgos ya presentes. Las recomendaciones públicas se centraron en la hidratación, la reducción de esfuerzos en las horas centrales y la atención a personas vulnerables.
La lectura manual de 35,5 °C queda así como la referencia histórica del episodio en el Observatori Fabra, y la automática de 35,3 °C como el registro paralelo de la red XEMA. Explicar ambas evita elegir una cifra sin contexto y permite conservar la comparabilidad de las series. Más allá de las dos décimas, el hecho decisivo es común a los dos instrumentos: Barcelona rebasó por primera vez los 35 °C en septiembre desde que comenzaron los registros del Fabra.