El Museu de Manresa–Museu del Barroc de Catalunya ha completado sus nuevas salas de reserva y almacenes en la tercera planta del antiguo Col·legi de Sant Ignasi. El equipamiento, pensado para la conservación preventiva y el trabajo interno del museo, custodiará miles de obras y objetos tanto de los fondos municipales como de los depósitos de la Colección Nacional de Arte de la Generalitat.

La apertura técnica de estos espacios resuelve una parte esencial del funcionamiento de un museo que aspira a ser referencia del arte barroco catalán. Una exposición muestra solo una selección del patrimonio; las reservas permiten guardar, registrar, estudiar y tratar el resto en condiciones adaptadas a cada material. El traslado efectivo de las piezas comenzará en octubre, según la información difundida por el Ayuntamiento y el propio museo.

Las salas incorporan sistemas distintos para necesidades muy concretas. Las pinturas sobre tela o tabla se almacenarán en peines móviles compactos, que aprovechan el espacio y reducen la manipulación. Las piezas de gran volumen, especialmente las de madera policromada, dispondrán de estanterías paletizadas. Para los objetos metálicos y de orfebrería se han instalado armarios con puertas de cristal y control independiente de la humedad.

Ese mobiliario convierte la reserva en un área de trabajo, no en un simple almacén. Allí se desarrollarán tareas de documentación, registro y conservación que normalmente quedan fuera de la vista del visitante. Los espacios podrán abrirse de forma puntual mediante visitas guiadas, pero su función ordinaria será interna y estará ligada a la protección de las colecciones.

Las nuevas reservas han supuesto una inversión de 888.622,11 euros, financiada con 384.000 de la Generalitat y 504.622,11 del Ayuntamiento. Las obras comenzaron a mediados de febrero y finalizaron a finales de julio; el proyecto también incluyó la renovación de los canalones del ala este de la cubierta.

El público tuvo un primer acceso excepcional durante la actividad Descoberta 35 de la Festa Major. Cerca de 130 personas recorrieron las nuevas dependencias y conocieron el trabajo de conservación y documentación. La visita sirvió también para presentar unas alpargatas con estampas de la Virgen del Carmen halladas durante las obras de adecuación, una pieza singular vinculada a la historia cotidiana del edificio.

La mejora tiene una dimensión local y otra de país. Manresa gana capacidad para preservar su patrimonio y el museo refuerza su papel dentro del sistema catalán, puesto que las reservas acogerán también obras depositadas por la Generalitat. El equipamiento especializado permite ordenar fondos de formatos muy diferentes y reduce riesgos derivados de una humedad inadecuada, un apoyo insuficiente o una manipulación excesiva.

El proyecto de transformación del antiguo Col·legi de Sant Ignasi avanza así más allá de las salas abiertas al público. Con la reserva ya equipada, el museo dispone de la infraestructura necesaria para comenzar en octubre una mudanza compleja que deberá hacerse de manera progresiva y atendiendo al estado y a las necesidades de cada pieza.

Para la ciudad, la novedad no consiste solo en ganar superficie. Supone dotar al Museu de Manresa de una trastienda profesional acorde con el volumen y la relevancia de sus colecciones. La parte visible será ocasional, pero el efecto será permanente: mejores condiciones para conservar, investigar y transmitir un patrimonio que pertenece a Manresa y, en buena parte, al conjunto de Catalunya.