
BCN Game Gallery abrió sus puertas en el barrio de Sants el 4 de septiembre de 2026 con una exposición dedicada a imaginar videojuegos que nunca existieron. El nuevo espacio cultural, situado en la calle de la Noguera Pallaresa, 25, local 2, estrena su programación con My Famicase Exhibition 2026, una colección internacional construida a partir de cartuchos ficticios.
La muestra reúne 250 diseños de cartuchos ficticios creados por 250 artistas de distintos lugares. Cada participante utiliza la etiqueta de un cartucho de Famicom como si fuera el lienzo y la portada de un juego imaginario. El resultado no es un catálogo de lanzamientos comerciales ni una feria de consolas, sino una exposición de ilustración, diseño gráfico y narración condensada en objetos reconocibles.
My Famicase Exhibition nació en Tokio vinculada a la galería Meteor. Su planteamiento invita a profesionales de disciplinas diversas a inventar el nombre, la identidad visual y la promesa de una obra interactiva que no necesita haber sido programada. La web oficial define esas etiquetas como un soporte para diseñar los cartuchos soñados por sus autores.
La Famicom fue la versión japonesa de la consola que en otros mercados se conoció como Nintendo Entertainment System. Su formato físico, pequeño y fácilmente identificable, sirve aquí como marco común. Aunque todos los artistas trabajan sobre la misma silueta, las etiquetas cambian por completo de tono: pueden sugerir aventuras, relatos íntimos, humor, ciencia ficción o experiencias deliberadamente imposibles.
La colección completa de 2026 llegó a Barcelona después de exhibirse en Málaga dentro de Guadalindie. Su instalación en Sants permite verla reunida en un espacio estable y no únicamente como parte de un festival. La selección podrá visitarse hasta el 9 de octubre de 2026, lo que amplía las oportunidades de acceso más allá de la jornada inaugural.
Entre la apertura del 4 de septiembre y el cierre del 9 de octubre median 35 días, cinco semanas. Ese margen convierte la exposición en una propuesta cultural sostenida y permite organizar la visita con antelación. El acceso es gratuito, pero requiere reserva previa y las plazas de cada pase son limitadas.
La reserva busca que los visitantes recorran la colección sin una concentración excesiva de público. Doscientas cincuenta piezas pequeñas exigen tiempo y proximidad para apreciar tipografías, colores, títulos y detalles gráficos. El sistema de pases ayuda a que el formato de la muestra conserve una escala más cercana a la de una galería que a la de un recinto ferial.
Los responsables de BCN Game Gallery presentan el local como un espacio centrado en la dimensión artística y cultural del videojuego. La propuesta parte de una idea sencilla: detrás de una obra interactiva hay ilustradores, diseñadores, guionistas, músicos y otros perfiles creativos cuyo trabajo puede contemplarse también fuera de una pantalla.
La exposición inaugural encaja especialmente bien con esa intención porque muestra una fase anterior al desarrollo técnico. Cada cartucho propone un universo mediante una sola imagen y unas pocas decisiones visuales. El visitante completa mentalmente las reglas, los personajes o la historia. En ese proceso, el objeto funciona como una invitación a imaginar y no como el envoltorio de un producto terminado.
El barrio de Sants incorpora así un equipamiento especializado poco habitual en el circuito expositivo barcelonés. Su ubicación fuera de los grandes museos puede acercar el lenguaje del videojuego a públicos acostumbrados a galerías de arte, y al mismo tiempo ofrecer a jugadores y profesionales un entorno distinto al de competiciones, tiendas o encuentros comerciales.
La iniciativa también permite observar cómo ha cambiado la memoria material del videojuego. Los cartuchos remiten a una etapa en la que la portada y la caja debían explicar el juego antes de que el comprador pudiera verlo en movimiento. My Famicase recupera esa capacidad de sugerencia, pero la separa de la obligación de vender un título real.
No todas las propuestas expuestas pretenden parecer productos posibles. Algunas explotan deliberadamente el absurdo, la poesía o la ambigüedad. Esa libertad distingue el proyecto de un ejercicio de publicidad y lo aproxima a una convocatoria de arte gráfico con reglas compartidas. La limitación física del cartucho actúa como punto de partida, no como restricción temática.
Para visitar la muestra será necesario comprobar en la web de BCN Game Gallery los pases disponibles y formalizar la reserva. La información publicada sitúa el local en la calle de la Noguera Pallaresa, 25, en Sants, y mantiene la gratuidad de acceso hasta el final anunciado del 9 de octubre. No se ha comunicado que la entrada libre elimine el límite de aforo por sesión.
BCN Game Gallery inicia así su recorrido con una exposición que une historia del diseño, cultura del videojuego y creación internacional. Los 250 cartuchos no contienen juegos comerciales, pero sí 250 puntos de partida narrativos. Durante cinco semanas, el nuevo espacio de Sants propone mirar el videojuego antes de que exista: desde la imagen capaz de hacer que alguien quiera imaginarlo.